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domingo, 29 de julio de 2007



ENSEÑANZAS VARIAS
LECTIO DIVINA
¿Cómo es tu oración?

La ‘Lectio Divina’ es un ejercicio de escucha de la Palabra que capta al misterio del Verbo encarnado y penetra, por tanto, en el misterio mismo de Dios. El término ‘Lectio divina’ viene de la tradición patrística y significa literalmente ‘lectura divina’. Es aprender aleer la Escritura con espíritu de oración como Palabra de Dios, con espíritu de humilde escucha de esta Palabra que nos habla en el ámbito de nuestra vida y en el cuadro de la Iglesia y de su enseñanza. No es, pues, una lectura privada, no es un estudio, no es instrumento cultural, es un auténtico momento de oración. En algunas tradiciones monásticas representa, junto con el breviario, la oración por excelencia. La ‘Lectio divina’ es una actividad compleja, progresiva, hecha de etapas o momentos sucesivos.

1) Lectura: Leer y releer la Escritura, pluma en mano, anotando las acciones, personas, palabras que nos impresionen.

2) Meditación: Aquí me pregunto: ¿qué me dice este texto a mi, hoy?

3) Oración: Nace de la meditación. Señor haz que pueda comprender los valores permanentes de este texto y que yo no lo tengo. Llegará un momento que esta plegaria también se podrá manifestar como petición de perdón o de luz, o como oblación.

4) Contemplación: Es difícil explicar. Se trata de detenerse amorosamente en el texto. Es adoración, alabanza, silencio, ante Aquel que es la meta final de mi oración.

5) Consolación: Es la alegría de orar, es sentir íntimamente el gusto de Dios y de las cosas de Cristo. Es un don que ordinariamente se presenta en el ambiente de la Lectio divina, aunque el Espíritu es libre de comunicarlo cuando quiere.

6) Discernimiento: Reconocimiento de los impulsos interiores. Mediante el gusto del Evangelio, mediante una especie de olfato espiritual para las cosas de Cristo, nos hacemos sensibles para descubrir lo que es evangélico y lo que no lo es. No hemos sido llamados solamente a observar los mandamientos sino a seguir a Cristo Jesús.

7) Deliberación: Opciones evangélicas. La experiencia interior de consolacio-nes y desolaciones nos enseña a discernir y por lo tanto a decidir según Dios.

8) Acción: Compromisos cristianos. Es el momento de hacer la lectura divina y la acción, no son carriles paralelos. No leemos la escritura para sacar fuerzas y cumplir lo que ya hemos resuelto. Al contrario la leemos y la meditamos para que nazcan de ahí las decisiones precisas y para que la fuerza consoladora del Espíritu nos ayude a ponerlas en práctica. No se trata de orar más para obrar mejor, sino de orar más para saber lo que debo hacer.


POTENCIAS DEL ALMA

- Memoria: Consiste en recordar una meditación, un pasaje, un salmo. El esfuerzo nos hace palpar la riqueza del texto. Un auténtico ejercicio de la memoria es repasar los acontecimientos con el corazón, como lo hacía María.

- Entendimiento: (Meditación), esfuerzo por descubrir el sentido de los acontecimientos. No basta recordarlos, hay comprenderlos, entender los hechos y desentrañar su significado.

- Voluntad: Abarca todo lo que en el hombre es don de sí, amor, y por lo tanto, también entra ahí la oración como expresión de afecto, de impulso, de anhelo. La voluntad viene a ser la oración y la contemplación, con las consecuencia que brotan de ella.

LA ORACION

Busca un lugar para conversar con el Señor. Haz un pequeño santuario. Si tienes una imagen de María o de Jesús, un crucifijo, ponlo en tu lugar de oración, si lo deseas enciende una vela al comenzar la oración para lograr un clima de intimidad y reverencia. Procura dejar de lado las preocupaciones, esto no es fácil al principio, vienen muchas ideas a la cabeza. Deja que entren y salgan sin apurarse. Entrega todas estas ideas e inquietudes a Dios. Pide la gracia para poder orar en paz.

Dile al Señor: Señor creo que Tú estás aquí, que Tú me escuchas, que Tú me amas. Lee los Evangelios, lentamente gustando las palabras. Da vueltas alrededor de una frase, una palabra, una escena y permanece en silencio escuchando.

Pregúntale al Señor: ¿Señor, qué quieres decirme en este texto, cuál es el mensaje o palabra profética que me das para iluminar mi vida.

Mientras encuentras gusto, provecho, gozo, paz, ahí quédate. Si algo te perturba o te asusta, pregúntate por qué esa turbación y anótalo en el cuaderno. Escribe lo que sientas, lo que quieras decirle, lo que El te diga. Escribe lo que sientas en el corazón.

Si estás meditando un texto del Evangelio, mira las personas, escucha las palabras, mira las acciones. Hazlo como si estuvieras presente en el cuadro. Si alguna palabra te llama la atención y te produce algún sentimiento, quédate rumiándola, no importa que sea algo vago o confuso. Es una buena forma de orar.

Trata de conversar con El sobre tu alegría, confianza, pena, problema, pasado, futuro, escribe todo lo que sientas.

Durante la oración déjate llevar y siéntete igual a las gaviotas volando sobre el mar, al atardecer. Lo más importante es que en este tiempo puedas compartir tu vida con El y experimentar su presencia en ti.

Termina con un Padre Nuestro (Dilo de manera lenta).



SANTIFICACIÓN y EDIFICACIÓN
Santificación.

A través de la Encarnación de Jesús, Dios nos abrió el camino a la santidad. Jesús llevó una vida santa, en obediencia total al Padre. No tuvo miedo de implicarse en temas sociales, políticos o de relación.. La santidad es una llamada universal para cada cristiano. El Catecismo nos recuerda: ‘Todos los cristianos de todo estado o condición están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad. Todos están llamados a la santidad. (No. 2013). Si queremos ser santos, nuestra mirada tiene que estar puesta en Jesús. La santidad no es algo que podamos lograr por nuestro esfuerzo personal. Pero es necesario que por medio de la oración nos apropiemos de este don que Dios nos quiere regalar.

. Esta llamada a la santidad es una continua lucha que comienza en el ámbito personal pero se extiendo al ámbito eclesial y social. San Pablo nos recuerda continuamente que no hay santidad sin renuncia y sin combate espiritual. Al abrazar la santidad, comienza nuestra madurez eclesial. Ser santo es dar testimonio del Evangelio a través de nuestras palabras y acciones. La vocación del laico es ‘santificar lo temporal’.

El Papa Juan Pablo II de feliz memoria, hablando de la “vocación a la santidad”, dijo entre otras cosas, lo siguiente. " La vocación a la santidad" es la gracia y la meta de todo creyente, conforme nos recuerda el Señor: "Sed santos, porque yo, el Señor, Dios vuestro, soy santo" (Levítico 19, 2).
En la Carta apostólica Novo Millennio Ineunte he invitado a poner "la programación pastoral en el signo de la santidad", para "expresar la convicción de que el Bautismo es una verdadera entrada en la santidad de Dios por medio de la inserción en Cristo y la inhabitación de su Espíritu. Sería un contrasentido contentarse con una vida mediocre, vivida según una ética minimalista y una religiosidad superficial. Es el momento de proponer de nuevo a todos, con convicción, este ‘alto grado’ de la vida cristiana ordinaria: la vida entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esta dirección" (n° 31).
Tarea primaria de la Iglesia es acompañar a los cristianos por el camino de la santidad, con el fin de que iluminados por la inteligencia de la fe, aprendan a conocer y a contemplar el rostro de Cristo y a redescubrir en Él la auténtica identidad y la misión que el Señor confía a cada uno. De tal modo que lleguen a estar ‘edificados sobre el fundamento de los apóstoles y de los profetas, teniendo como piedra angular al mismo Jesucristo. En Él cada construcción crece bien ordenada para ser templo santo en el Señor’ (Ef. 2. 20-21).
La Iglesia reúne en sí todas las vocaciones que Dios suscita entre sus hijos y se configura a sí misma como reflejo luminoso del misterio de la Santísima Trinidad. Como ‘pueblo congregado por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo’, lleva en sí el misterio del Padre que llama a todos a santificar su nombre y a cumplir su voluntad; custodia el misterio del Hijo que, enviado por el Padre a anunciar el Reino de Dios, invita a todos a seguirle; es depositaria del misterio del Espíritu Santo que consagra para la misión que el Padre ha elegido mediante su Hijo Jesucristo.
La Comunidad eclesial es el lugar donde se expresan las diversas vocaciones suscitadas por el Señor. La Iglesia es ‘casa de la santidad’ … Sí, cada vocación en la Iglesia está al servicio de la santidad, algunas, sobre todo, como la vocación al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada lo son de modo especialísimo.”
Los laicos. ¿Quiénes son los laicos?
Son ‘los fieles cristianos a los cuales corresponde trabajar por el Reino de Dios, gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios’. A los laicos, nos toca buscar la santidad en nuestro estado laical. Para esto necesitamos estar insertos en Cristo por nuestro Bautismo, como sarmiento en la Vid y estar en comunión con el Pueblo de Dios.

Los laicos, por el bautismo, hemos sido ungidos como Sacerdotes, Reyes y Profetas. (I Pedro 2, 9-10) y por eso, participamos del oficio sacerdotal, profético y real de Jesucristo, Somos llamados a ser testigos y pregoneros de la fe, unidos a Cristo. Tenemos nuestro sacerdocio común, participamos en el oficio real de Cristo sirviendo al Reino, difundiéndolo. A los laicos nos toca darle a la creación todo su valor originario, ordenando lo creado al bien del hombre, tonel poder del Resucitado. Cada fiel laico tiene que vivir en relación a todo el Cuerpo de Cristo. (I Cor 12, 14-30). Y nos toca ser co-creativos con Dios en cuanto al mundo material, social, político, religioso. Tiene que luchar contra el secularismo, que es el ‘olvido de Dios’, la indiferencia, la adoración de los falsos dioses, el ateísmo. Estamos en el mundo como ‘Pueblo de Dios’, sin ser del mundo. Y continuamente tenemos que preguntarnos: ¿Qué me pide Jesús a mí?


Novo millennio ineunte - La santidad Nos. 30 y 31.
30. En primer lugar, no dudo en decir que la perspectiva en la que debe situarse el camino pastoral es el de la santidad. … hacer hincapié en la santidad es más que nunca una urgencia pastoral. Conviene además descubrir en todo su valor programático el capítulo V de la ‘Constitución Dogmática Lumen gentium’ sobre la Iglesia, dedicado a la «vocación universal a la santidad». … Descubrir a la Iglesia como « misterio », es decir, como pueblo «congregado en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo», llevaba a descubrir también su «santidad», entendida en su sentido fundamental de pertenecer a Aquél que por excelencia es el Santo, el «tres veces Santo» (cf. Is 6,3). Confesar a la Iglesia como santa significa mostrar su rostro de Esposa de Cristo, por la cual Él se entregó, precisamente para santificarla (cf. Ef 5,25-26). Este don de santidad, por así decir, objetiva, se da a cada bautizado.
Pero el don se plasma a su vez en un compromiso que ha de dirigir toda la vida cristiana: «Ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación » (1 Ts 4,3). Es un compromiso que no afecta sólo a algunos cristianos: «Todos los cristianos, de cualquier clase o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor».
31. Recordar esta verdad elemental, poniéndola como fundamento de la programación pastoral que nos atañe al inicio del nuevo milenio, podría parecer, en un primer momento, algo poco práctico. ¿Acaso se puede «programar » la santidad? ¿Qué puede significar esta palabra en la lógica de un plan pastoral?
En realidad, poner la programación pastoral bajo el signo de la santidad es una opción llena de consecuencias. Significa expresar la convicción de que, si el Bautismo es una verdadera entrada en la santidad de Dios por medio de la inserción en Cristo y la inhabitación de su Espíritu, sería un contrasentido contentarse con una vida mediocre, vivida según una ética minimalista y una religiosidad superficial. Preguntar a un catecúmeno, «¿quieres recibir el Bautismo?», significa al mismo tiempo preguntarle, «¿quieres ser santo?» Significa ponerle en el camino del Sermón de la Montaña: «Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial» (Mt 5,48).

… Los caminos de la santidad son múltiples y adecuados a la vocación de cada uno. … Los caminos de la santidad son personales y exigen una pedagogía de la santidad verdadera y propia, que sea capaz de adaptarse a los ritmos de cada persona. Esta pedagogía debe enriquecer la propuesta dirigida a todos con las formas tradicionales de ayuda personal y de grupo, y con las formas más recientes ofrecidas en las asociaciones y en los movimientos reconocidos por la Iglesia. …Dice la Palabra: Dios hará de ustedes como de piedras vivas, un templo espiritual, un sacerdocio santo, que por medio de Jesucristo, ofrezca sacrificios espirituales, agradables a Dios. (II Pedro 2, 5). La “actividad santificadora”: es la tarea de ‘edificación y transformación’ que el Espíritu va obrando en el Pueblo de Dios, dándoles un corazón nuevo y un nuevo espíritu (Ezequiel 11, 19).


Para que podamos vivir en santidad, Dios nos regala
‘Gracias de Santificación’, que al mismo tiempo son ‘Gracias de Edificación’.

En nuestro camino de santificación y edificación, existen tres pasos que se dan simultáneamente:
· Lo deformado tiene que ser reformado. (Purificación)
· Lo reformado tiene que ser con-formado a Cristo. (Iluminación)
· Lo con-formado tiene que ser transformado; somos transformados en otros Cristos. (Unificación).

Esta tarea la realiza el Espíritu Santo en nosotros, cuando quiere y cómo quiere. Y, como somos una unidad, trabaja en nuestros tres niveles: espiritual, síquica y física. Realiza su tarea para que podamos crecer hasta nuestra ‘Estatura de Cristo’. La ‘Estatura de Cristo’ es diferente en cada uno de nosotros, cada uno tenemos cualidades diferentes y reflejamos a Cristo de manera diferente.

Gracias al Espíritu Santo marchamos hacia esa semejanza con Jesús, hacia nuestra santificación. San Pablo dice en Rom 8, 29: estamos llamados a ‘con-formarnos’ a Cristo. En II Cor 3, 18 leemos: “nosotros como espejos reflejamos la gloria de Cristo y estamos subiendo de gloria en gloria por la gracia del Señor”.


Río Nuevo.
Creo que ustedes la vez pasada vieron como en un pantallaza, el Río de nuestra vida, pero vieron el Río Viejo con nuestra parte negativa. Ahora vamos a ver en un pantallaza, cómo el Espíritu Santo va armonizando nuestra parte sicológica y espiritual, dando lugar a un Río Nuevo.

Vamos a dibujar ahora nuestro RIO NUEVO y explicarlo:






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1. Tenemos las mismas TENDENCIAS FUNDAMENTALES O BASICAS, o sea las mismas fuentes de Conservación, Desarrollo, Comunicación, Trascendencia, que son buenas, permanecen en pie y siempre siguen corriendo bien, son puestos por Dios y aún a pesar del pecado original son permanentes.

2. Las TENDENCIAS VICIADAS son perfeccionadas por las GRACIAS DE SANTIFICACION que también nos EDIFICAN: ‘DONES, VIRTUDES, CARISMAS, FRUTOS’ del Espíritu. Son los dones y las virtudes de la fe, la esperanza y el amor, es decir que se transforman en una especie de segunda naturaleza que nos refuerza. Estas gracias de santificación y edificación, son asistencias permanentes del Espíritu Santo hacia el bien.

3.: Las HERIDAS EMOCIONALES O SICOLOGICAS, son reemplazadas por la EXPERIENCIA DEL APOSTOL, DE SANACION Y SANTIFICACION, de APOSTOLADO. Son como esos árboles que, como dice el Libro de Ezequiel, y el Libro del Apocalipsis, salen del Templo de Dios, crecen al lado de río, árboles que producen fruto los doce meses del año, árboles cuyas hojas sirven para sanar. Son las experiencias inolvidables de la acción de Dios en nosotros, son un regalo para siempre. Son momentos de especial bendición, porque alimentan nuestra fe, esperanza y confianza en Dios.

4. Las ATADURAS MENTALES, son transformadas en un lago grande, como un ancho y hermoso lago de Genesaret donde nos encontramos con abundancia de peces de todos tamaños; son experiencias apostólicas, con gracias carismáticas. Es un gran lago de AMOR a los HIJOS DE DIOS, LIBERTAD, VERDAD. Comenzamos a comprender y amar, nos sentimos liberados de prejuicios, resentimientos, desconfianzas, temores.

5.: Frente a las TENTACIONES, que venían del lado izquierdo del río, tenemos ahora otros afluentes del lado derecho del río, que son aportes de Dios; son las INSPIRACIONES O CARISMAS, luces, ánimo, experiencias de una providencia protectora, nosotros no las controlamos pero son una ayuda en nuestro ministerio, en nuestra vida espiritual. Son experiencias puntuales, vienen cuando y cómo Dios quiere y son bendiciones de Dios a nuestras acciones. Son gracias puntuales.

6.: Frente al PECADO, el Espíritu Santo nos capacita para hacer OBRAS BUENAS, de SERVICIO, que producen FRUTO para el PUEBLO DE DIOS. En la vida, por medio de las OBRAS BUENAS podemos ser LUZ DEL MUNDO, SAL DE LA TIERRA.

7.: Frente a los ACCIDENTES DE LA VIDA, (calamidades económicos, dificultades de familia, enfermedades, malas acciones de parte de otros, pérdida de personas queridas) el Espíritu nos regala la PACIENCIA CRISTIANA, que es tomar en positivo los accidentes de la vida; son signos de los tiempos para uno; nos unimos a la Pasión de Cristo, tomamos las cosas con paciencia y luz sobrenatural. Esa es la paciencia que tenía San Pablo en sus correrías apostólicas; sufrió las preocupaciones, los azotes, cárcel y todo como parte de su apostolado. Aprender a relativizar los sufrimientos.

8.: Nuestra PERSONALIDAD EN SU CONJUNTO tiende a la colaboración con Dios y a la acogida de los demás. En el río viejo el ESTUARIO estaba lleno de impedimentos. Ahora el estuario es amplio, nuestra personalidad está más abierta a los demás, podemos acoger las inspiraciones de Dios transformarlas en acción.



Edificación.

El Espíritu Santo se ocupa de nuestra edificación por medio de los Carismas, las Virtudes, los Dones y los Frutos, como también por los Sacramentos, la Palabra de Dios, la Liturgia, el Magisterio, el Catecismo de la Iglesia.
Somos edificados, sobre los cimientos de los apóstoles y profetas (Efesios 2, 19-20). ‘Cimientos de los apóstoles’ porque la Jerarquía de la Iglesia viene de los Apóstoles y de los Profetas. Desde día de Pentecostés los bautizados, sean laicos, religiosos, o pertenezcan a la Jerarquía, son ungidos como Sacerdotes, Reyes y Profetas. (I Pedro 2, 9-10).

(Efesios 4,6 / Isaías 11,2 / Gálatas 5, 22-23 / I Corintios 12, 31 – 13 completo)


CARISMAS, VIRTUDES, DONES, FRUTOS son fuerzas del Espíritu Santo para servir, resistir las tendencias al mal y seguir el Camino de Jesús. La Edificación la vamos descubriendo en nosotros porque tenemos un mayor gusto por nuestra oración personal y comunitaria, un deseo de leer la Biblia si no la leíamos antes y si la leíamos queremos profundizarla; y así vamos descubriendo qué es una comunidad cristiana

En el momento de su Bautismo (Mateo 3, 13-17), Jesús quedó, como Hombre, equipado con poder, con la plenitud del Espíritu Santo, con CARISMAS, VIRTUDES, DONES, FRUTOS, para anunciar el Reino de Dios, y así fue expulsando demonios, sanando enfermos, perdonando pecados, obrando cantidad de milagros (Lucas 4, 16-21).
.
Pedro, el día de Pentecostés, con su predicación, quiere mostrar que se han cumplido los tiempos de Dios. Y que el Espíritu Santo ha comenzado a obrar de una manera plena en la iglesia naciente, por medio de los CARISMAS, VIRTUDES, DONES, FRUTOS.

Como comunidad-iglesia del tercer milenio, estamos llamados a llevar una vida “apostólica y carismática”. “APOSTÓLICA” porque viene de los apóstoles y “CARISMÁTICA” porque: trabajamos con los regalos de Dios y no con nuestra propia fuerza. La iniciativa viene de Dios y no de nosotros. El día de nuestro Bautismo, nosotros también quedamos equipados con la plenitud del Espíritu Santo, con CARISMAS, VIRTUDES, DONES, FRUTOS, para anunciar el Reino. Quedamos equipados con las GRACIAS CARISMÁTICAS Y DE APOSTOLADO.

La ‘acción edificadora del Espíritu’ está orientada a nuestra ‘madurez y desarrollo’ que corresponden a nuestra ‘Estatura de Cristo’. (Efesios 4, 13). Ninguno de nosotros vive para sí. Pues si vivimos, vivimos para el Señor y si morimos, morimos para el Señor. (Rom 14, 7-8). Estamos llamados a vivir como Pueblo de Dios, como Cuerpo de Cristo desarrollando estos CARISMAS, VIRTUDES, DONES, FRUTOS.

Tampoco podemos decir a ciencia cierta, dónde empieza un carisma, cuándo se convierte en virtud, cuándo en un don, y cuándo comienza a dar frutos, solamente tratamos de darles cierta forma para poder diferenciarlos uno del otro y nada más. Todo viene del Espíritu Santo y los carismas son en número mucho más numerosos que los que San Pablo menciona, y los dones son más que siete, son sinnúmero, y así.

La experiencia muestra que si los carismas, las virtudes, los dones, los frutos no se ponen en acción, se van perdiendo. Por eso que, sin un buen ejercicio de los carismas, las virtudes, los dones y frutos, toda comunidad eclesial, sea parroquial o comunidad religiosa, permanecerá sin motor, inmóvil. Pastores, sacerdotes, laicos, seremos santificados y edificados y tendremos una unidad plena en la Iglesia si vivimos en el ejercicio pleno de los carismas, virtudes, dones, frutos. Porque ése es el Plan de Dios para edificar a la Iglesia. Nuestra opción es abrirnos al Espíritu Santo y a sus carismas, dones, frutos, virtudes para ser colaboradores en la renovación espiritual de nuestras parroquias.

Es importante también saber que en la celebración de cualquier Sacramento, sea Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Reconciliación, Matrimonio, Orden Sagrado, Unción de los enfermos, estamos permitiendo que la gracia santificante y edificadora fluya como un río de agua viva en nuestras vidas y es especialmente en esos momentos cuando el Señor puede colmarnos de modo especial con los carismas, virtudes, dones, frutos, y así podremos practicar las virtudes con menos dificultad.



CARISMAS.
Son manifestaciones del poder de Dios, signos de la acción de Dios, de su poder, son un regalo de servicio para la comunidad, para el provecho del prójimo.

CARISMAS DE PENSAMIENTO: Ciencia – Sabiduría – Discernimiento de Espíritus. No se sabe bien dónde termina uno y comienza el otro don.
· Ciencia o Palabra de Ciencia: Dios nos da una inspiración por algo interior que nos comunica por una imagen, algo en nuestra imaginación, es algo preciso.
· Sabiduría o Palabra de Sabiduría: Es una palabra, una iluminación que nos indica cómo actuar, qué hacer. Siempre que tenemos una palabra de ciencia tenemos que pedir una palabra de sabiduría porque no todo lo que el Señor revela hay que decirlo inmediatamente.
· Discernimiento de espíritus: Necesitamos saber si algo viene de nuestra naturaleza, de un mal espíritu o de Dios. Necesitamos conocer el origen. De dónde viene esta idea, esta imagen.

CARISMAS DE PALABRA: Profecía, lenguas, interpretación.
· Profecía: es una inspiración para hablar de parte de Dios y decir un mensaje inspirado de parte de Él. No significa decir algo del futuro, puede ser del pasado, presente, futuro, pero es siempre una palabra inspirada e importante para la asamblea. La profecía es para edificar-exhortar-consolar.
- Edificar: construir, fortalecer el Pueblo de Dios.
- Exhortar: para animar al Pueblo de Dios y ayudarlo así a enfrentar las dificultades de la vida, a perdonarse, a salir de depresiones, temores.
- Consolar: es fortificar al cristiano, consolidarlo en medio de las dificultades. Puede ser también que uno reciba una profecía en la forma de leer un texto de la Escritura.
San Pablo dice: “procuren los carismas pero principalmente profetizar”.
· Lenguas e interpretación: No es orar en lenguas sino dar un mensaje en lenguas a la asamblea. Uno siente el impulso de decir algo que cree es del Señor y luego tiene que esperar a que alguien interprete o si siente que tiene la interpretación, la dice. Es algo no muy frecuente. Y el mensaje recibido se somete al discernimiento de la comunidad. No todo es mensaje recibido del Señor. La oración en lenguas, en contraposición de lenguas e interpretación, es una manifestación expresiva e íntima de alabanza, adoración, súplica, acción de gracias. Dios da el deseo y la capacidad de entrar en diálogo con El. Es una gracia de oración y no un carisma de servicio.


CARISMAS DE ACCIÓN: Milagros, fe, sanidades.
· Milagros: son acciones extraordinarias en un contexto religioso que lleva a Dios. Es un signo de la presencia y el poder de Dios.
· Fe: nos referimos a la fe carismática: es una persuación que Dios quiere hacer un milagro ahí, en ese lugar. Es la fe de milagros, no teologal. No deja lugar a dudas, es una revelación de Dios. Esto puede suceder también en el caso de enfermedades. San Pedro, el día que se encontró con el cojo mientras iba al Templo a orar, tuvo la fe de milagros, por eso le pudo decir “oro y plata no tengo, pero lo que tengo te doy, en el Nombre de Jesucristo levántate y anda”.
· Sanidades: No es un don que se maneja a voluntad de la persona que ora. A veces se producen sanaciones completas, otras parciales que son verdaderos mejoramientos de salud. Nosotros oramos y Dios sana cuándo quiere y cómo quiere.

Todos estos carismas no nacen de un día para otro. Son fruto de sucesivas inspiraciones que Dios nos hace, son fruto de un “Camino De Carismas”. ‘Camino de carismas’ significa ‘camino de conversión y transformación interior, hacia un Cristocentrismo’. Vamos creciendo, pidiendo docilidad al Espíritu, sabiendo escuchar sus mociones y permitiendo que ese Espíritu actúe, cómo, cuándo y dónde Él quiera.

Hay dos condiciones necesarias para el ejercicio de los carismas: la humildad y la caridad.
- Humildad: permite que la acción de Dios pase por nosotros y llegue a donde El quiere llegar, que es la edificación y la santificación de la comunidad.
- Caridad: La caridad, el amor, permite multiplicar los carismas y hacer del carisma de uno, el carisma de todos. Por eso que en la Iglesia no puede haber gente frustrada. Si amamos, todos los carismas serán nuestros.

El carisma más importante para crecer, para ser un servidor y dirigente es el “discernimiento”. Este don nos capacita para ser pastores, sacerdotes y laicos comprometidos.


Todo Servidor, Dirigente, Necesita Discernimiento
Discernimiento es una luz de Dios para conocer cuál es su plan, para reconocer su voz de entre otras voces, es pensar como Dios piensa. Sin discernimiento todos los demás dones se convierten más en un peligro que en una bendición que edifique la comunidad.

Hace 2000 años había en la ciudad de Corinto, una comunidad carismática donde se manifestaban todos los dones, pero les faltaba el amor y el discernimiento. San Pablo les decía: No os falta ningún don. (I Cor 1, 7). Pero les faltaba discernimiento y amor; les faltaba el alma de los dones. Los los problemas surgen cuando no hay discernimiento. Todos los problemas están mencionados en I Corintios:
· Divisiones , envidias, discordias: 1, 10-16 y 3, 3,
· Problemas de relaciones personales, entre hermanos: 6, 1-11; entre hombre y mujer: 7, 1-17; 11, 1-16.
· Falsa ciencia: los gnósticos: 3, 18-23 Desviaciones sexuales: 5, 1-13; 6, 12-19
· Abusos en la Cena del Señor: 11. Mal uso de los carismas: 12, 13, 14 Iluminismo: 14, 37-38.

El río de carismas no encausado en vez de edificar la Iglesia la estaba destruyendo, en vez de formar el Cuerpo de Cristo lo estaba dividiendo.


VIRTUDES

Son una elevación y fortalecimiento de nuestras capacidades intelectuales, volitivas, emocionales y de nuestros talentos naturales. Toda virtud es un acto bueno, que puede ser transformado en hábito sobrenatural cuando tenemos la disposición a ejercitarlo; necesitamos abrimos y cooperar con las invitaciones de Dios. Toda virtud que se ejercita puede ser transformado en un don.
La virtud es una disposición habitual y firme de hacer el bien, cuandoya hemos sido fortalecidos por el Espíritu Santo. Es como un barquito que va remando, requiere de mi voluntad en fe, a pesar de que el Señor me da la gracia para remar. El el soplo del Espíritu que lleva al barquito por donde el Espíritu quiere.

Tenemos: VIRTUDES TEOLOGALES y CARDINALES O MORALES.

TEOLOGALES: (Catecismo de la Iglesia Católica Nos. 1812 al 1829). Son la Fe-Esperanza-Amor. Las recibimos en nuestro Bautismo. Fundan y animan nuestro obrar como hijos de Dios.
· Fe: Es una virtud sobrenatural que Dios regala y espera nuestra respuesta. Con ella creemos todo lo que Dios nos ha revelado y la Iglesia nos propone creer. Es nuestra adhesión a lo que Dios revela, adhesión confiada con nuestra inteligencia. (Hebr 11, 1 - I Corintios 13, 12)
· Esperanza: Por esta virtud aspiramos encontrarnos definitivamente con Dios, ponemos nuestra confianza en las promesas de Jesús y nos apoyamos no en nuestra propia fuerza, sino en la gracia del Espíritu Santo. Nos hace perseverar en el camino del Señor y nos conduce a la verdad. Nos hace progresar en la justicia, la verdad y el amor.
· Amor o Caridad: Es la virtud por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos, por amor a Dios. Jesús transforma la caridad en un mandamiento nuevo. La caridad es la mayor de todas las virtudes.


CARDINALES O MORALES: (Catecismo de la Iglesia Católica Nos. 1805 al 1809). Son regalos permanentes de nuestro entendimiento y guían nuestra razón y fe. Son la

PRUDENCIA, JUSTICIA, FORTALEZA, TEMPLANZA
· Prudencia: Permite que vivamos de una manera sabia y oportuna en relación a nuestro fin último, que es nuestra salvación. Nos lleva a concretar las realidades positivas, las situaciones concretas conforme a la verdad, la justicia y el amor. El prudente no tiene demasiada confianza en sí mismo.
· Justicia: Consiste en reconocer que todos somos hijos de un mismo Padre y hermanos de Jesús, coherederos de la gloria de Dios. Trabajar para que cada uno llegue a lo que le corresponde, sabiendo que uno es redimido por Cristo y es templo del Espíritu Santo.
· Fortaleza: Es lo que nos hace ser constantes en el esfuerzo diario para proseguir nuestra santificación. Nos hace progresar en medio de las tentaciones y todas las situaciones que nos tocan vivir. Nos lleva a cooperar con la gracia del Espíritu Santo. Nuestro llamado es a ser perfectos, respondiendo continuamente a este llamado.
· Templanza: Es la fuerza que equilibra nuestra dimensión espiritual y sobrenatural. Es nuestra fuente de control y armonía en la realización de nuestra personalidad. Con ella aprendemos a vivir y utilizar nuestras fuerzas dentro de un recto ordenamiento ético y moral, encausándonos hacia el bien.

DONES
Son regalos permanentes que hacen al hombre dócil a Los impulsos del Espíritu Santo. Los siete dones, iluminan nuestra inteligencia y fortalecen nuestra voluntad para vivir como hijos de Dios (isaías 11, 2). Por los dones el Espíritu Santo nos santifica y perfecciona, edifica y sostiene nuestra vida moral.

Los Dones hacen que nuestra inteligencia iluminada por el Espíritu Santo acepte fácilmente las cosas de la fe y obedezca a las inspiraciones y advertencias del E. Santo. Son como las velas de nuestro barco que reciben el soplo del Espíritu Santo. Necesitan ser orados y pedidos. Los Dones tienen su sede en nuestras tendencias purificadas y abiertas al Espíritu Santo. Los motiva el amor y los dones expresan el amor. El amor libera y purifica los dones y les da autenticidad. Necesitan ser reavivados. Leemos en II Tim 1, 6: Te recomiendo que reavives el carisma de Dios que está en ti, por la imposición de mis manos”.


A cada bienaventuranza corresponde un don.

SABIDURÍA: (Bienaventurados los pacíficos...). Es un don de síntesis. Nuestra vida va teniendo un sentido profundo, se va transformando y unificando en una entrega total a Dios en la oración profunda como en la más completa actividad.

ENTENDIMIENTO: (Bienaventurados los puros de corazón). Por este don penetramos en las verdades reveladas y en todo lo que tenga que ver con la fe. Nos permite hablar con entendimiento de Dios. El Espíritu Santo va dando comprensión de las verdades de la fe. Comprensión de lo que a nuestros sentidos resulta inexplicable.

CIENCIA: (Bienaventurados los que lloran...). Por este don vemos todo con la mirada penetrante de Dios, buscamos conocerlo en profundidad, reflexionando; vemos la fragilidad y vanidad de todas las cosas que no son Dios, ubicándonos rectamente frente a los sucesos. Este don nos libera de ataduras y nos permite elevarnos hacia Dios, buscar su bondad y grandeza sometiéndonos siempre a su voluntad.

CONSEJO: (Bienaventurados los misericordiosos...). Por este don podemos discernir si nos conviene o no tal acción y de qué manera hacerlo para santificarnos a través de ella. Este don madura la prudencia de quien lo recibe para ser maduro en la fe y ayuda a ser guía de otros en los caminos de la fe. Nos da equilibrio para obrar de una manera sensata frente a las situaciones.

FORTALEZA: (Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia...). Penetra en nuestra voluntad y nos hace practicar las virtudes de una manera heroica. Podemos emprender grandes cosas en servicio de Dios y de la Iglesia con perseverancia, aunque el camino sea duro.

PIEDAD: (Bienaventurados los mansos...). Por este don nos llenamos de un afecto filial hacia Dios a quien consideramos como Padre, y miramos a los hombres como hermanos e hijos de una misma familia que brota de Dios y a El vuelve. Crecemos en nuestra capacidad para orar, vivir el Padre Nuestro, hacer silencio, vivimos una devoción profunda.

SANTO TEMOR DE DIOS: (Bienaventurados los pobres de espíritu...). No es miedo. Es nuestra capacidad para valorar el amor de Dios, un santo temor de perder su Amor. Es un deseo de someternos enteramente al querer de Dios, a su Voluntad, es tenerle un gran respeto, buscando cultivar la humildad y tratando de no ofenderlo, eliminando los obstáculos que se oponen a El.


Sabiduría – Entendimiento – Ciencia – Consejo: ayudan a nuestra inteligencia.
Piedad – Fortaleza – Santo Temor de Dios: ayudan a nuestra voluntad.


FRUTOS

Son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. Los siete dones obran frutos en nosotros. Los frutos son signos de la vida de fe, son manifestaciones visibles de los dones, carismas, virtudes.

La tradición de la Iglesia enumera doce frutos: Amor/caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, Bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, Modestia, continencia, castidad.

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